Al estallar la guerra, la vida de las mujeres se transformó profundamente: en medio de duras condiciones tuvieron que organizarse a gran escala para luchar contra el fascismo y, así, empuñaron las armas, construyeron barricadas, trabajaron en fábricas de municiones, en el transporte público y en las granjas, lanzaron periódicos y publicaciones antifascistas, organizaron labores de asistencia social y realizaron todo tipo de trabajos para contribuir al esfuerzo bélico.