Los ladrillos que manejan Job Floris y Sandor Naus no solo tienen potencial decorativo, con su factura artesana declaran a la vez su pertenencia a una tradición constructiva que, tras siglos de experimentación, ha alcanzado en los Países Bajos un refinamiento como en pocos sitios. Cochuras, aparejos y llagueados forman parte del vocabulario cotidiano de este estudio de Róterdam, y Arquitectura Viva ha procurado desarrollar su particular lenguaje de bloques por medio de seis edificios de materialidad táctil.