En este texto intentamos demostrar que, si las teorías arquitectura y urbanismo se adaptasen a las nuevas necesidades físicas, sociales y culturales de la sociedad contemporánea, una ciudad sensible sería también capaz de asimilar las nuevas herramientas y lenguajes informáticos sin problemas, como lo consiguió Gaudí, y conseguirlo obviamente fuera del campo estrictamente religioso.