La documentación recopilada por los exploradores que llegaron a Norteamérica a partir del siglo XV nos proporciona una oportunidad inigualable para viajar en el tiempo. Los testimonios, dibujos, planimetrías y grabados que reunieron nos acercan a los conocimientos que los nativos norteamericanos habían depurado durante siglos. Estos conocimientos abarcaban todos los campos que podamos imaginar: medicina, botánica, química y, por supuesto, arquitectura.