En este número proponemos una lectura deliberadamente contracorriente de un material que la tradición -y no pocas inercias culturales- ha asociado a la masa, al peso y a la gravedad: el ladrillo. Las obras aquí reunidas demuestran, con rigor y sensibilidad, que la arquitectura cerámica puede ser ligera, no liviana en su compromiso constructivo, sino precisa, permeable y abierta.