Desde la arquitectura y el urbanismo se ha prestado poca atención a la cultura del cuidado, relegándola a la esfera doméstica. Una ética del cuidado implica asumir la vulnerabilidad, la interdependencia y la reciprocidad como condiciones políticas y materiales. Significa reconocer que toda infraestructura es tambíen un sistema de apoyo, que toda forma construida requiere mantenimiento, y que quienes mantienen tambien necesitan ser cuidados.