Durante años pensé que la basura desaparecía de nuestras ciudades por la noche sin más, como por arte de magia. Depositada en contenedores, al día siguiente ya no la volvíamos a ver. En mayo del año 2000 fui por primera vez a Valdemingómez y allí lo descubrí. Inmensas montañas artificiales formadas a base de millones de toneladas de residuos crecían a tan solo catorce kilómetros del centro de Madrid.