Málaga en su transformación como ciudad global de ámbito metropolitano e incluso regional ha perdido el equilibrio de medir cuál era su capacidad de carga turística y económica para no afectar a la segregación urbana y a la cohesión social de su población. La emergencia habitacional se ha convertido, como en otras ciudades, en una de las carencias principales de la ciudad donde un mercado rígido e inelástico solo da servicio a niveles de renta alta, inversores y población extranjera acomodada.