Mi hijo Leo estudia Arquitectura. Con el tiempo me he dado cuenta de que es la carrera que a mí me hubiera gustado hacer. Reconozco que, cuando eligió sus estudios, sentí cierta envidia. Un día, con la excusa de enseñarle fotografía, le propuse hacer excursiones por Madrid para fotografiar proyectos arquitectónicos. La experiencia acumulada, compuesta por relatos y fotografías, se condensa en un libro donde se percibe la inocencia y la fascinación por una pasión común.