Nuestro trabajo de arquitecto tiene cierta condición de alquimista, de transmutar los metales, de hacer que ladrillos sin valor alguno se transformen en una cosa valiosa. Y ¡ay del que renuncie a esa magia, a esa búsqueda de la verdad! Albert Einstein dijo, más allá de la famosa frase «Dios no juega a los dados con el Universo», que «Lo más bello que podemos experimentar es el misterio. Esa es la fuente de todo arte y ciencia verdaderos».