No son solo cuatro paredes y un tejado, es el primer dibujo que aprendimos a trazar y el lugar donde se esconde nuestra memoria más íntima. Una casa puede ser un refugio cálido, una infancia luminosa o un territorio de resistencia. Pero también nos habita, nos marca y, a veces, nos desgarra. En este nuevo monográfico de La Madeja, nos preguntamos cuántas casas llevamos sedimentadas en el cuerpo.