Nuestras grandes ciudades resultan al examen un mosaico de pueblos segregados -diferentes en raza, cultura o sencillamente en el culto- cada uno de los cuales trata de preservar sus peculiares formas culturales así como mantener sus individuales y características concepciones de la vida. Cada uno de estos grupos segregados pretende imponer inevitablemente a sus miembros algún tipo de aislamiento moral con el fin de conservar la integridad vital del grupo.