El dibujo es el instrumento insustituible para pensar el espacio, especialmente si este está dotado de contenido, es decir, si es espacio arquitectónico o urbano. Ese pensar conlleva concebir y determinar, y también conocer y expresar. Pero además de esa fundamental cualidad, el dibujo puede mantener una relación muy especial con el hilo temporal al que cualquier realidad está sometida, puede mirar hacia el presente, pero también puede hacerlo hacia el futuro o el pasado.